¿Cuántas veces has pospuesto una travesía pensando que a tu barco le falta el último accesorio electrónico, un motor más potente o un piloto automático de última generación?
Tendemos a pensar que para hacer grandes cosas en el mar necesitamos presupuestos astronómicos. Pero la historia de la navegación costera está llena de románticos que, con poco más que una brújula y pasión, demostraron lo contrario.
Hoy queremos recordar una aventura extraordinaria que ocurrió en el invierno de 1982 [00:00]. Un joven se lanzó en solitario a un periplo de 6 meses por el Mediterráneo occidental a bordo del "Chico", un pequeño velero de apenas 5 metros de eslora, poco más de 300 kilos de desplazamiento, orza abatible y absolutamente ningún motor, electricidad, radio o escotilla con llave [00:13], [02:46].
Un presupuesto de 300 € y una lámpara de petróleo
Con lo que hoy equivaldría a unas 50.000 pesetas de la época (unos 300 euros actuales) [01:59], el viaje comenzó en Cataluña en pleno enero, cruzando hacia Mallorca y Menorca [00:32]. Desde allí, el "Chico" puso rumbo al norte de África (Argelia y Túnez), para luego subir hacia Cerdeña antes de regresar a la península en julio [00:57].
Sus únicas herramientas de "alta tecnología" eran una lámpara de petróleo para leer o señalizar su posición por la noche, un receptor de radio pequeño para captar los partes meteorológicos y un ingenioso piloto automático casero fabricado con sus propias manos [02:17], [03:19].
Bajo la modalidad de "camping costero" —durmiendo en calas, fondeado o apoyado directamente sobre la arena— esta travesía se convirtió en su verdadera escuela de navegación, habiendo pisado antes muy poco la vela ligera [02:54], [03:38].
De Huelva a Lisboa (y más allá)
Esta filosofía es la que mantiene viva la llama de muchos armadores. De hecho, no hace falta cruzar el Atlántico para sentir la grandeza del mar. Muchos barcos pequeños que hoy descansan en nuestros puertos esconden pasados gloriosos: antiguos dueños que con muy pocos medios completaron travesías míticas, como conectar Huelva con Lisboa a pura vela, desafiando las corrientes del Algarve.
Esas historias nos recuerdan que, si te lo propones, puedes ir haciendo travesías cada vez mayores. Solo necesitas conocer tu embarcación, respetar el mar, planificar con cabeza y llevar el mantenimiento al día para que la mecánica (si la tienes) o el aparejo no te fallen en el peor momento.
En Stym nos obsesiona que tu barco esté siempre listo para soltar amarras, ya sea para salir a pescar el fin de semana o para emprender la ruta de tu vida. Porque los límites, la mayoría de las veces, solo están en el pantalán.
¿Y tú? Queremos leer tus historias de mar y sal: 👇 ¿Cuál ha sido tu mayor travesía hasta el momento? ¿O qué travesías tienes planeadas para este verano? ¡Cuéntanoslo abajo en los comentarios!